lunes, 23 de septiembre de 2019

INMENSO OTOÑO







 
El campo huele a otoño,
A húmeda tierra levantada,
A trigo fecundo en los barbechos,
A hojas de mil formas dibujadas.
 
Quien busca en el otoño la tristeza,
Impregna en agua clara su alegría,
Pues la estación estalla por sorpresa
Cantándonos su hermosa letanía.
 
Comienzan los otoños nuevamente,
Y sin espera el alma nos rubrican,
Y en el camino nos dejan a su paso
Caudales de presagios y poesía
 
Tu mirada otoñal que me sublima
Me deja el sabor de la derrota,
Mientras tus labios, ausentes de mi vida,
Aún presienten el aliento de mi boca.
 
Deja el otoño el alma desarmada
Y de pesares deprisa la despoja,
Y liviana esparce su sosiego
Como aroma esparcido de la rosa.
 
Se ve en el horizonte de los pájaros
Que acarician los árboles dormidos,
Y tocan con sus alas empapadas
Mi corazón dulcemente malherido.
 
Llega el otoño y el tiempo se deshace
Con el caudal que emana de los ríos,
Mientras nosotros vamos retomando
Las noches y los días no vividos.
 
El otoño deja música de zambra
Liberando la esperanza prisionera,
Y sin más se aleja en la distancia
Y esperando, soñamos con su vuelta.
 
De nuestro árbol las hojas se desprenden
Y el tiempo, taimado, nos vigila,
Y nosotros, danzantes peregrinos,
Bailamos su variable melodía.
 
En este inmenso otoño, sin quererlo,
tu recuerdo me persigue todavía.