Este poema se lo dedico a mi madre y a todas las madres del mundo, que, aunque ya no estén con nosotros o las tengamos lejos o cerca, no dejan de comunicarnos su amor, el cual, trasciende leyes, fronteras, países y universos, pues es más grande que todo eso.
El dibujo que ilustra esta entrada es de Pablo Picasso, realizado en 1922 y ubicado en el Baltimore Museum of Art, EEUU.
"Déjame que vaya, madre,
a buscar en el recuerdo de tus brazos,
la miel y el terciopelo.
Quiero tu cobijo de árbol inabarcable,
de hojas de vida de verde infinito,
cuyas formas, generosas y amables,
me cubren cuando caigo en la batalla.
Déjame que sea el niño de antes,
y tú, el ángel que vigila mi infancia,
que me acuna cuando me desvelo.
Serán de nuevo los días felices
y mi caminar se tornará en vuelo,
bajo la remembranza de tus besos,
que aplacarán el frío de mis mejillas,
siendo ya febrero el dueño de mi piel.
Quiero soñarte una y mil veces,
cuando la noche se presente sin estrellas
y tu sonrisa ponga luz en mi camino.
Déjame buscarte en los entresijos de la memoria
que envuelven mi corazón,
al abrigo del amor absoluto
que abarca de este a oeste, de norte a sur.
Y déjame dormir al murmullo de tu voz,
que me traslada a sueños de dulzura,
donde solo habitas tú.
En mi recuerdo recreo la nobleza de tus ojos,
y la manera de llamarme por mi nombre,
mientras me alejo y me pierdo para siempre
en el horizonte lejano de la vida."











