El mes de mayo abre las puertas a toda una sucesión de fiestas y romerías que comienzan con las cruces y que forman parte de nuestras más antiguas tradiciones. En ellas, tienen un papel destacado las flores, que decoran patios, carrozas, ermitas y son ofrecidas a los santos, a los que se venera y honra. En mayo encuentra la primavera su punto más álgido, a la misma vez que al final del mismo, comienza su declive en pos de la llegada del verano. Mientras tanto, este mes es una eclosión de color, de luz y de fe, que se extiende por gran parte de nuestra geografía y de la que participamos todos cada año con alegría, disfrutando de todo lo bueno que nos rodea: del campo en flor, de la compañía de nuestros familiares y amigos, y de la renovación de nuestra fe por ese patrón o patrona al que nos han enseñado a querer desde niños.
"Las flores de mayo" es un poema que va acompañado en cada una de sus estrofas de una fotografía y que quiere reivindicar las flores como algo cotidiano, pero bello, algo sencillo, pero extraordinario, algo armonioso y efímero, pero que se renueva cada año, y en él quiero transmitir la alegría de estas fechas, de este mes de mayo, que pese a las circunstancias, sigue siendo el mes más primaveral del año.
"Las flores de mayo
rinden sus colores
al viento flechado
que alegre se impone."
"Y en este estallido
de olor y de flores,
el viento es herido
de amor y de amores."
"Y la casa antigua
se viste de blanco,
mientras la mañana
despierta despacio."
"La alondra se queja
y canta en el olivo
por todos aquellos
amores perdidos."
"¡Que rojo el geranio,
que rosa el clavel,
que blanco el jacinto,
que verde el laurel!"
"La rosa en tu pelo
nunca se marchita,
tus labios de grana
a besar invitan."
"Y ya por la noche,
dormidos los gallos,
despiertan vivaces,
las flores de mayo."

