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domingo, 18 de febrero de 2024

MILDRED, DESEO Y AMBICIÓN

 




Mildred Rogers (Bette Davis) nunca fue una mujer para él. Era perversa, egoísta y ambiciosa, pero el deseo atrapó a Philip Carey (Leslie Howard), un estudiante de arte y después de medicina, que se enamoró perdidamente de ella. Para Mildred, Philip era un juguete, alguien a quien utilizar en su escalada. Mildred trabajaba de camarera y sabía hasta qué punto él se había enamorado y pensaba utilizarlo en su provecho, mientras aparecía algo mejor y así lo hizo. Humillaciones y desprecios, amantes ocasionales, pero Philip parecía de mantequilla en las manos de aquella mujer cuyos sentimientos eran para él cuchillos de hielo que laceraban su cuerpo y su espíritu y a los que no podía renunciar. Mildred se iba y volvía, y a la vez, le iba arruinando la vida a Philip, que dejó a Norah (Kay Johnson), su novia, dulce y sensata, por el vértigo de la aventura de vivir de nuevo con ella. Mildred se volvió a marchar una vez más y lo dejó al borde del desastre, evitando de nuevo por Norah, su ángel protector. Pero volvió de nuevo, esta vez, embarazada y de nuevo obtuvo la ayuda de su antiguo amante. ¿Hasta cuando podrá soportar el corazón de Philip los vaivenes de Mildred y su continuo desprecio? Para saberlo, nada mejor que ver la película "Cautivo del deseo" (1934), dirigida por John Cromwell y magníficamente interpretada por por Bette Davis y Leslie Howard, que dan la medida de unos personajes perdidos en sus emociones, pasionales y contradictorias, pero entresacadas de la vida misma. La película, basada en la novela "Servidumbre humana", de Somerset Maughan, es una auténtica joya del cine, llena de dramatismo y de fuerza, dirigida por un maestro como Cromwell y con el talento de dos grandes actores. En la fotografía, la impactante imagen que luce Bette Davis en este clásico y donde se aprecia la turbadora personalidad del personaje que interpreta, la camarera capaz de despertar en los hombres el deseo más atroz, para luego llevarlos casi a la destrucción.







domingo, 11 de febrero de 2024

¡AHÍ VA "LA DIVINA"!

 




"¡Ahí va la Divina!", exclamaba la gente a su paso, pese a sus vanos intentos de no ser reconocida. Y allí iba, enfundada en su abrigo largo, su cabeza de esfinge abrigada por un sombrero y su rostro hermoso y hermético dibujado bajo él. Había dejado el cine hacía unas semanas y se sentía segura y perdida a la vez, como una niña que cambia continuamente de un hogar a otro. En Hollywood, las cámaras lloraban su ausencia y reclamaban sus ojos, que encendían las salas de cine como dos luminarias, mientras sus labios, finos y de una perfección implacable, se abrían a aquellos besos de ficción que volvían locos al público, un público acostumbrado a su presencia, siempre etérea, siempre carnal. Paseaba cruzando las calles, sorteando los charcos, sumida en sus pensamientos. El viento arreciaba y, a su vez, comenzaba el mito de Greta Garbo, y lo hacía rodeado de un misterio solo comparable al de alguna de sus películas, un misterio que aún continúa. Nueva York, acoge a la esfinge sin inmutarse, pues nadie, ni siquiera la Garbo, es más grande que ella, la ciudad de los rascacielos. Entre sus calles, la estrella no es más que un pequeño ser humano que va y viene, sin más amparo que su voluntad y la fuerza de un destino propiciado por ella. Sin embargo, cuando anochece, los briosos destellos de las estrellas cubren su rostro, y comenta quién pudo verlo, que aquel rostro perdido en la multitud, adquiría la grandeza de las diosas y su cuerpo, abandonaba su esencia humana componiendo, rostro y cuerpo, un hermoso fantasma, capaz de hechizar a todo aquel que se cruzara en su camino, porque Greta Garbo, "La Divina", nunca se fue del todo, y cuentan que a veces la ven portando su divismo a deshoras, cuando muy pocos la pueden ver, solo los afortunados enamorados de la luna y de las leyes que impone la noche."

     De madrugada, escribo este texto dedicado a una estrella de cine dueña de un misterio inquebrantable. Se llamó Greta Garbo y hoy, como ayer, nos sigue fascinando. 







jueves, 16 de noviembre de 2023

POEMAS DE CINE

 

A Marilyn Monroe




"La soledad habita en el desierto,

como en tus ojos habita la tristeza.

Si alguna vez piensas en mí,

deja la puerta abierta a tu sonrisa,

que encierra la dulzura y la alegría

de quién no es sino una etérea criatura.

Nevada sueña con sus noches

bajo un cielo abierto a las estrellas,

Mientras tu sueño se va desvaneciendo

bajo el manto de la fría madrugada.

Norma Jean ya no está,

más la luna nos trae su recuerdo incandescente,

envuelto en lágrimas de plata

y azules resplandores,

mientras tú renaces a la vida

como una diosa de amor, hermosa y breve.


Esta fotografía de Marilyn Monroe fue tomada en el desierto de Nevada por Eve Arnold en el año 1961, para un reportaje para la agencia Magnum. Es una de mis fotografías favoritas y en ella vemos a la actriz, concentrada, antes de comenzar a actuar. La película que estaba rodando fue su último film completo, "Vidas rebeldes" (The Misfits"), a las órdenes de John Huston y con Clark Gable, Montogmery Clift, Elli Wallach y Thelma Ritter como brillantes compañeros de rodaje. El resultado fue una película de un hermoso lirismo que nos conmueve y emociona cada vez que la vemos. Esta foto íntima y bellísima me ha servido de inspiración para escribir estos versos que dedico a esta gran actriz.


A Charo López




"Detrás de tus ojos

late el misterio de lo inconcebible,

la marea que se revuelve contra lo establecido,

la luz que opaca la negación y el olvido 

La belleza te asalta impenitente

dejándonos sin voz,

mudos ante tu presencia abierta y regia.

Tu enormidad brilla en cada gesto

de actriz genuina,

inmersa en lo profundo de su talento.

Charo, la de los gozos y las sombras,

la de los naufragios,

la de las victorias.

El teatro se doblega y te piensa,

mientras tu mirada se apodera del cine.

Porque tú eres señora y dueña

de los espacios que incitan a los sueños,

y proclamas a cada paso 

la libertad de ser tú misma.

Y lo consigues, dejando a tu alrededor

un halo perturbador de luz de escenario

que nos acorrala y nos obliga a adorarte."


Hace unos domingos, el programa "Imprescindibles", de la 2 estuvo dedicado a Charo López, una de mis actrices favoritas y una de las más grandes de nuestro país. El documental "Me cuesta hablar de mí" hizo un repaso maravilloso y emotivo a la carrera de la actriz, en la que ella misma nos habla (aunque le cueste), haciéndonos partícipes de su fuerte personalidad, su sentido del humor y de su humanidad. El programa, brillante y dando pie a una elegante nostalgia, me hizo recordar su primera intervención cinematográfica en la película "Ditirambo", de Gonzalo Suárez, su eclosión a nivel popular cuando interpretó de una manera brutal y brillante a "Mauricia, la dura", en la serie de televisión española "Fortunata y Jacinta" y como no, su inolvidable trabajo en "Los gozos y las sombras", basada en la extraordinaria novela de Gonzalo Torrente Ballester, donde como Clara Aldán, conquistó al público con una interpretación vibrante y exquisita. Después vendría "Epílogo", "Secretos del corazón" y muchas películas más. Y como no podía ser de otra manera, también llegó el teatro y triunfó plenamente sobre los escenarios con obras como "Tengamos el sexo en paz" o "Carcajada salvaje". Hoy he querido, con todo cariño y admiración dedicarle estos versos a Charo López, que, por cierto ha cumplido recientemente 80 años y darle la enhorabuena por su extraordinaria carrera y por emocionarnos con sus interpretaciones, siempre ajustadas y tan auténticas como ella misma.






sábado, 11 de marzo de 2023

LA FAMILIA DE TARZÁN

 




      Aquellos sábados de "Primera sesión" en tv, a mediados de los setenta, donde el tiempo pasaba lento y las tardes eran sinónimo de dibujos animados ("Heidi", "Marco", "MazingerZ...) y cine, aparecía con frecuencia el personaje creado por Edgar Rice Burroughs, "Tarzán" y, por lo general estaba interpretado por el mejor actor que le dio vida: Johnny Weissmüller. Aquellas aventuras selváticas en blanco y negro hacían las delicias de todos los niños y también de los mayores de la época. Y nos divertían de una forma feliz y eficaz. Aquí podemos ver a "Tarzán" (Johnny Weissmüller), a "Jane", su compañera, interpretada magistralmente por la bella y dulce actriz Maureen O´Sullivan, Johnny Sheffield, como "Boy", el hijo de ambos y por último, la inefable mona "Chita", una mona que siempre ponía la nota de humor a la película. Eran historias ingenuas y entretenidas, sin pretensiones, pero que calaron en el público de forma inmediata. No podemos dejar de recordarlas no sin cierta ternura y con mucho cariño. Yo así las recuerdo, aparte de la indudable calidad que algunas de ellas tuvieron, como la que iniciaba la saga "Tarzán de los monos" (1932), de W. S. Van Dyke, o su continuación "Tarzán y su compañera" (1934), de Cedric Gibbons, dos películas que supusieron un gran éxito y que lanzaron a sus actores al estrellato. Tras Weissmüller, que encarnó a este personaje en doce ocasiones, llegaron actores como Lex Barker o Gordon Scott (entre otros muchos), que continuaron interpretándolo, y a partir de ahí, Tarzán fue llenando con sus aventuras las pantallas de cine de todo el mundo y en todas las épocas, llegando hasta el año 2016, donde "La leyenda de Tarzán", interpretada por el actor Alexander Skarsgard, volvió a obtener un gran éxito. De Tarzán, cinematográficamente hablando, hay mucho que decir y que contar, pero ahora os dejo con esta entrañable fotografía de Tarzán y su familia, aferrados a las lianas, de regreso a su hogar, una casa en la cima de un árbol, que a los niños de la época nos parecía una pasada. Mientras escribo estas letras viene a mi memoria el famoso grito de Tarzán, cuya sonoridad manipulada por los estudios de cine, trae recuerdos de un tiempo que no volverá, pero que aún vive en nuestra memoria y en los "dvd´s" publicados y restaurados de estas maravillosas películas. Hoy, "Cine Paraíso" se muestra nostálgico, porque hablamos de la infancia de muchas generaciones que vieron en estas películas un modo de evasión, diversión y entretenimiento. La infancia debe ser siempre vivida de un modo feliz, y creo que, estas películas, en su momento, ayudaron a que lo fuera para muchos de nosotros. Saludos, amigos de "Desde Stromboli" y feliz fin de semana.






sábado, 16 de julio de 2022

MÁS ALLÁ DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

 




      "A veces me pregunto cuanto tiempo puedo estar sin ti. Te quiero tanto que me olvido por completo de comer, de dormir y hasta de existir. Existo porque existes, porque llenas mi alma y mi corazón, porque cuando te alejas, no soy más que una sombra que no puede hacer otra cosa que perseguirte. Sin embargo, hoy no he podido encontrarte. Doy vueltas en mi cama, y a veces te llamo a gritos, pero todo es inútil y lo peor es que no entiendes mi desesperación y sigues lejos de mí. Hoy encontré una foto tuya de joven, estabas tan guapa que no he podido hacer otra cosa en todo el día que mirarla, observar tu rostro, besar cada uno de sus matices: tus ojos oscuros y profundos, tu nariz, de firme apariencia, tu boca, carnosa y sensual y admirar tu pelo alborotado, cayendo sobre tus hombros angulosos y perfectamente horizontales. A veces, me quedo absorto recordando nuestro pasado, cuando decías que me querías por encima de todo, incluso por encima de ti misma. Te creí y desde ese mismo momento fuiste primordial en mi vida, en mi sangre y en mi cerebro y comprendí que jamás podría sacarte de mis sueños. Hay días que me siento feliz y camino resuelto y libre, empujado por la brisa de tu aliento, que me lleva a buscar el cobijo de tu recuerdo. No obstante, otros días, late en mí la tristeza de tu ausencia irreparable y mi cabeza se queda en blanco y mis ojos, vacíos sin tu mirada, que los abarrotaba de dulces  presagios. Estoy aquí, inerte entre estas cuatro paredes que me agrietan la voz y estas rejas de acero que no dejan que mis brazos lleguen hasta tu cuerpo. No quiero hacerte daño, de verdad, las veces que te lo hice, es porque mi amor se desborda y va más allá de la vida y de la muerte, porque te quiero tanto que me olvido de mí mismo y solo pienso en ti y en que eres únicamente mía, de nadie más. Comprende que tú siempre fuiste un poco veleta, siempre sonriente y dulce con todos, en especial con ese amigo tuyo, ¿ cómo se llamaba? ¡Ah, si, Marcos!, un joven realmente estúpido al que no tuve más remedio que silenciar, igual que a ese otro infeliz, Daniel, el de la tienda de fotografía, que era tan amable contigo...En fin, te dije muy claro cuanto te quería, pero tú, a veces tan insensible, me hacías sufrir y no sabes cuanto. Por eso yo no hacía otra cosa que defender mi amor por ti. Y si para eso tenía que cometer actos contra la ley de Dios y de los hombres, no lo dudaba y hacía lo que tenía que hacer. Y aquí estoy. Ahora mismo recuerdo el tacto de tu cuello entre mis manos, latiendo caliente y tu boca entreabierta cercana a la mía, entregándome tu último aliento. Espera, creo que estás otra vez conmigo, vienes a mí como un fantasma, con tu cuerpo sinuoso envuelto en un leve vestido, como el que llevabas cuando te conocí. Espérame, ya voy a tu lado, no tardaré mucho, en cuanto recomponga los destrozos que provocó en mí tu ausencia."


      Woody Harrelson en esta inquietante fotografía me da la pauta para contar este nuevo relato. Este actor nació el 21 de julio de 1961 y comenzó su carrera en la televisión interpretando el papel del camarero Woody Boyd en "Cheers", junto a Ted Danson, por el cual fue nominado a un "emmy". Después en el cine ha realizado grandes interpretaciones en películas como "Asesinos natos" (1994), de Oliver Stone o "El escándalo de Larry Flynt (1996), de Milos Forman. Su último éxito ha sido para la televisión en la serie "True detective" cuya  primera temporada se emitió en EEUU en el año 2014. Espero que os haya gustado esta nueva historia hallada tras la mirada de un gran actor: Woody Harrelson.


  

 



viernes, 8 de julio de 2022

DETRÁS DE SUS OJOS





     La biblioteca cerraba a las 8:00 de la tarde, pero Magda, la bibliotecaria, solía quedarse media hora o cuarenta minutos más, pues le encantaba la paz extrema del lugar cuanto ya todos se habían marchado. Entonces, se preparaba un café y recorría las distintas salas, una por una, y de paso seleccionaba algún libro que leer, pues, además de bibliotecaria, era una adicta a la lectura, sobre todo a la historia y a la arqueología, aunque también a la literatura y muy en especial a la poesía. Había un poema egipcio que le encantaba, y a veces lo recitaba en voz alta:

"Déjame, oh amado,

refrescarme en el río de tus ojos,

de aguas diáfanas y luminosas,

mientras te cubro 

con las rosas de mi cuerpo...

Déjame de una vez morir contigo,

pues el mundo ha huido de mí desde que no estás..."


      Y así se sentía ella, abandonada por el mundo a sus sesenta y dos años, en una soledad que solo se mitigaba cuando llegaba a casa y se encontraba con su perro, un perro al que había recogido hacía dos semanas y al que, todavía no había puesto nombre. Era ya verano, y en la 2 habían programado una de sus películas favoritas: "La momia" (1932), del director Karl Freund y protagonizada por su actor preferido, Boris Karloff. Al terminar, y preguntándose como no se le había ocurrido antes, Magda encontró por fin el nombre para su perro, un pastor alemán maltrecho y asustado al que habían abandonado tras continuos episodios de maltrato. Se llamaría "Boris", en homenaje a su actor favorito. Después se marchó a dormir, aunque no pudo conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada, pues siempre se cernía en ella la inquietud, cuando en una de sus películas, Boris Karloff la miraba desde los rincones más oscuros del celuloide. 


"Abrázame de noche,

junto al blanco jazmín

que hay en el huerto,

y sella mis labios

con un beso de amor..."



      Así decía otra parte del poema que Magda recordaba cada vez que introducía su cuerpo entre las frías sábanas que componían una cama taciturna y austera, donde había dormido los últimos diez años de su vida. Nunca supo el por qué de su fascinación por Boris Karloff, el actor que dio vida a monstruos como Frankenstein, y aunque presentía que tras su mirada feroz y oscura, detrás de sus ojos de animal al acecho, podía esconderse un atisbo de ternura, no estaba totalmente convencida de ello. Tampoco supo nunca lo que la llevó aquella madrugada a la biblioteca, pero allí estaba, caminando entre estanterías cuyas sombras se proyectaban contra las paredes y el suelo, algunas contra el techo, y que a sus ojos parecían moverse como temblando, en unos movimientos tenues que lejos de amedrentarla, la animaban a continuar aquel extraño paseo nocturno por aquellas estancias, conocidas por ella palmo a palmo, libro a libro. Cuando atravesaba la sala dedicada a la literatura, enfrente, le pareció ver una sombra que, azarosa, cruzaba a trompicones el pequeño pasillo que iba a parar a la zona dedicada a la historia y a la arqueología. Se dirigió a ella y cuando llegó, pudo escuchar el crujir de las páginas de un libro, como si alguien lo estuviera hojeando. Después, agudizó el oído y pudo oír los estertores de una angustiosa respiración. Levantó la vista y al fondo de aquel habitáculo pudo por fin, ver sus ojos, que la miraban con fijeza, y cuyo brillo, siniestro y amenazante, le atravesó el alma y acabó con la fortaleza que la habitaba, para caer desplomada en un sillón.


"Tus ojos no son ya míos,

me dicen que no hay amor en ellos,

ni luz que les dé vida.

Detrás de tus ojos, oh amado,

solo queda ya luz de muerte"


Y mientras recordaba llena de pánico estos últimos versos del poema, aquellos ojos ardientemente amenazadores en la penumbra se iban acercando hacia donde estaba ella, y entonces, pudo ver la figura de su dueño: un hombre alto y desgarbado, de cuerpo huesudo, manos grandes y dedos afilados, arrastrando una túnica a la manera del sacerdote egipcio Imhotep, interpretado por Boris Karloff en "La momia". Un grito de horror sonó entre las filas interminables de libros, y con el rostro entre las manos, Magda, comenzó a llorar sobre la mesa. En ese momento sintió por su cuello algo caliente y viscoso, y luego en sus manos. Cuando asustada abrió los ojos, vio que era el perro, que, subido sobre la cama, la despertaba. Respiró tranquila y se levantó sin pereza. Era sábado y hacía un día extraordinario y tras ducharse y desayunar,  puso la correa a Boris y salió a la calle a dar un paseo y mientras caminaba comprendió que la vida es un viaje en una sola dirección y que a sus sesenta y dos años, el mundo, lejos de abandonarla, todavía la estaba esperando.


      La mirada que me ha inspirado esta historia es nada menos que la de Boris Karloff, el gran actor, intérprete de películas como "Frankenstein" (1932) de James Whale , "El ladrón de cadáveres" (1945), de Robert Wise, o la mencionada "La momia" (1932), de Karl Freund. Insuperable en sus papeles, en sus ojos late toda una gama de sentimientos que nos provocan indefectiblemente la inquietud y el terror. La fotografía que ilustra este relato da fe de ello.






 


sábado, 2 de julio de 2022

EL ODIO Y LA LOCURA








      Cuando vio a su hermana al lado del hombre del que estaba enamorada, a Margot le cambió el gesto y su rostro se vistió de una palidez que refulgía bajo el exceso de maquillaje que lo cubría. Mientras tanto, sus manos, temblorosas por el desconcierto y la ira, destrozaban una caja de cigarrillos, que caían al suelo en tromba, desparramándose sin que ella pudiera evitarlo. Arrugó con rabia la cajetilla vacía y de un golpe se agachó y recogió uno. Se lo llevó directamente a la boca y con energía encendió una cerilla y comenzó a quemarlo aspirando el humo con ansiedad, como si la primera bocanada que penetrara en sus pulmones se adueñara de todo su ser, proporcionándole a su vez, un engañoso indicio de calma. Después de este cigarrillo hubo otro y luego otro, hasta que finalmente, recogió los restantes uno por uno y los lanzó al cubo de la basura. Era una tarde calurosa y la cafetería estaba a medio gas, con un par de estudiantes que trataban de meterse mano en el rincón más íntimo del lugar y el señor Andrews, un inglés orondo y entrado en años que hacía tiempo iba detrás de Margot. Cerca de la puerta, se encontraba el dueño del establecimiento para el que trabajaba, y en una mesa, tres mujeres debatían sobre la llegada del verano y sobre sus destinos vacacionales. Margot se encontraba frente a la ventana y observaba como aquel apuesto joven se despedía de su hermana con un beso, y su corazón se retorció una vez más a la vez que sus ojos, duros y poderosos, desplegaban la cortina y dejaban escapar todo el odio que atenazaba su interior, que era mucho. Se dio la vuelta y volvió tras el mostrador y se sirvió un whisky que tomó de un trago, increpando al señor Andrews, que tras un tímido intento de alabar el aspecto de Margot, (que lo miró con tanto desprecio como era capaz de expresar desde lo más profundo de su ser), descabalgó del taburete y tras pagar, se fue directo a la puerta de salida. El horno no estaba para bollos. 
      Margot compartía con su hermana Elena un pequeño apartamento en una de las zonas más deprimidas de Brooklyn, y ambas sobrevivían gracias a su trabajo como camarera. Elena, a sus diecisiete años era una muchacha soñadora que se empleaba en dar clases de danza y arte dramático que, según ella, la transportarían lejos de aquel barrio miserable, pues quería ser bailarina y actriz, casarse algún día y formar una familia. Pese a su juventud, todo lo tenía perfectamente estudiado y planificado, sin embargo, con lo que no contaba era con que Margot, su querida hermana, la odiaba desde el mismo día en que nació.
      Un día Elena confesó a Margot su amor por Steven, el muchacho de pelo rubio y ojos celestes al cual, Margot había echado el ojo hacía tiempo. La respuesta de Margot fue mirarla despectivamente mientras recogía los platos de la mesa, dirigiéndose después a su habitación dispuesta a arreglarse. Eran las ocho de la tarde, y había quedado con Steven, en una cafetería alejada de su domicilio. Llevaba un ceñido vestido de cuadros, la mejor de sus pulseras y un maquillaje que, lejos de su objetivo de hacerla parecer más joven, le acentuaba una edad cercana a la madurez y le endurecía aún más sus facciones, si es que esto era posible.
      Steven la estaba esperando en la puerta, y aunque apenas la conocía, la saludó con abierta amabilidad. Después de tomar un café, Margot pidió una copa y con un gesto de dulzura impostado, lo miró a los ojos. Steven no pudo aguantar la mirada de su futura cuñada, que parecía querer introducirse en lo más recóndito de su cerebro, así, se levantó y pidió un refresco. Cuando se sentó frente a ella, le habló de Elena, de lo mucho que la quería y de como algún día llegarían a casarse, de su trabajo en un periódico local, con cuyo sueldo estaba ayudándola a pagar sus estudios, y de sus ojos almendrados, tan llenos de dulzura y comprensión. Y así, mientras hablaba de los ojos de Elena, los suyos chocaron con los de Margot, que había bajado la guardia en su actuación y, pudo ver, el brillo candente de la ira en ellos y de refilón, una hiriente mezquindad. 
      Este encuentro sirvió para que Margot se diera cuenta de que no podía hacer nada para conquistar el corazón de Steven, pues este, había dejado claro que era Elena la que lo tenía en legítima propiedad, sin embargo, no se rindió y al día siguiente fue a visitar al joven a su trabajo para hablarle de lo que sentía por él. Steven tenía que ser suyo y ni la mosquita muerta de Elena podría con el deseo de vivir lo que le quedaba de vida junto al muchacho. Volvieron a charlar, esta vez en la cafetería del periódico, y Margot, le declaró su amor abrazándose a él fuertemente e intentando sin éxito besar sus labios. Steven, sorprendido, la apartó de una manera suave, pero firme, indicándole que él no estaba enamorado de ella, sino de su hermana. Margot no cedía y volvió a abrazarle con la misma virulencia con la que él, esta vez, la separó de su lado. La boca de Margot esta vez si había logrado aprisionar la de Steven, en un beso violento y febril, ultrajante para el joven, que notó la frialdad viscosa de sus labios. Entonces, limpiándose con el dorso de la mano la boca, Steven le pidió que se marchara, y ella, humillada, se dejó llevar por un sentimiento de desesperación y de intensa rabia que la enervo. Ella, Elena, era la culpable de todo. Por su culpa, Steven no la quería, pero si su hermana no estuviera, quién sabe, todo sería diferente. Así, mientras caminaba para el apartamento donde la estaba esperando Elena, sintió que el odio se le desbordaba, y mientras sacaba las llaves para abrir la puerta, en un fuerte ataque de ansiedad, las apretó tanto, que ni se dio cuenta de que cuando entró, la sangre chorreaba por su mano derecha. 
      Elena comenzó a sentirse mal en el comienzo de la primavera de 1941 y a los pocos días, ya no podía levantarse de la cama. Margot se encargó de que nadie pudiera visitarla, incluido Steven, que pasó más de dos semanas sin poder comunicarse con ella. Ante las continuas negativas de Margot de que el joven pudiera visitarla, este llamó a la policía, la cual arribó al pequeño apartamento de Brooklyn donde vivían las dos hermanas cuando Margot se encontraba trabajando. Tras derribar la puerta, se encontraron a Elena en su habitación en un estado de suciedad y descuido lamentable: las heces, los vómitos y la orina inundaban la cama, y ella, hinchada por el veneno, apenas se movía. Se internó en el hospital esa  misma tarde, aunque ya no hubo remedio para ella. Steven fue a verla, pero solo pudo despedirse sin recibir respuesta, y entre lágrimas, decirle cuánto la quería. A Margot la esperó la policía en su casa y fue detenida por el asesinato de su hermana, a la que había estado suministrando miligramos de cianuro en las comidas. Cuando la policía le comunicó la muerte de Elena, los ojos pétreos de Margot se humedecieron por primera vez en mucho tiempo. Ahora podría conquistar a Steven y casarse con él. Ya había comprado el vestido y las flores, y partirían a algún lugar donde ser felices. Antes de ser esposada, Margot pidió permiso a la policía para cambiarse y apareció radiantemente patética, con el velo de novia y las flores que adornaban su cintura y su pecho. Entonces preguntó por Steven, y lentamente, con el cortejo de policías detrás, desapareció por la puerta.

      La actriz inspiradora de este nuevo relato es Joan Crawford, uno de los grandes mitos de Hollywood, cuyos característicos rasgos quedan patentes en esta fotografía de la película "LLuvia" (1932) del director Lewis Milestone. Los duros rasgos de esta actriz y su mirada esconden, para mi, la historia que acabo de narrar.





sábado, 11 de junio de 2022

PASION SIN BARRERAS (1990)

 




      "Pasión sin barreras" es una película modesta, sencilla, tanto que, desde su inicio no puedes dejar de verla, pues tiene los ingredientes necesarios para inducirte a ello: un buen guión, excelentes actores y una eficiente dirección. Dirigida por Luis Mandoki en el inicio de la década de los noventa, está interpretada, entre otros, por Susan Sarandon y James Spader, dos actores que estaban en la cresta de la ola en aquellos momentos, ella por películas como "Las brujas de Eastwick", de George Miller o "Los búfalos de Durham", de Ron Shelton, al lado de Kevin Costner (ambas de 1987) y él por , entre otras, "Sexo, mentiras y cintas de vídeo" (1989), de Graham Dalton.




      Los dos dan rienda suelta a su talento en un duelo interpretativo que nos atrapa por su intensidad y calidad. Spader interpreta a Max Baron, un ejecutivo publicitario de 27 años de gran éxito en San Louis que, después de dos años, no ha superado el fallecimiento de su joven esposa.




      Sarandon es Nora Baker, una mujer que trabaja en una hamburguesería, trabajadora, pragmática y muy independiente, quince años mayor que él. Su encuentro se produce por casualidad una madrugada en la que Max, tras asistir a la fiesta de soltero de uno de sus amigos, se dirige a la hamburguesería donde trabaja Nora para hacer una reclamación.




Después se volverán a encontrar en un tugurio, donde Nora se encuentra tomando una copa. A partir de ahí, se inicia una historia que se desarrolla entre la cotidianeidad más absoluta y el ámbito de lo extraordinario. Y a partir de ahí también, el espectador comprende que no podrá escapar al embrujo de los ojos de Susan Sarandon que, fumando un cigarrillo en la barra del bar, descubren a Max, que anda perdido entre el alcohol y el doloroso recuerdo de su esposa.




Sarandon pertenece a la estirpe de actrices poderosas, como Bette Davis y la fuerza de sus primeros planos, da fe de ello. James Spader es un actor diferente, atractivo y versátil que tiene en su juventud el suficiente talento como para hacer frente a una actriz de fuerte carácter como Susan Sarandon y salir airoso.

"Pasión sin barreras" es una película donde el amor triunfa por encima de edades y de clases sociales y deja claro que nada de esto importa si la pasión hace acto de presencia entre dos seres humanos.




Señalar como curiosidad el homenaje que la película dedica a Marilyn Monroe, (para empezar, el apellido Baker de la protagonista, pues el auténtico nombre de Marilyn era Norma Jean Baker). Además, Nora es una notable admiradora de la actriz, reconociendo en ella su capacidad de lucha y de continuar pese a todas las dificultades que se le cruzaban en su camino, y en cierto modo se siente identificada con ella y con su tragedia, pues ella también tiene la suya propia: un hijo fallecido. Por su parte, Max, recobra las ganas de vivir con Nora, enamorándose perdidamente de ella y en consecuencia, sin importar las diferencias sociales y de edad, no renunciará a un destino que intuye feliz.




Por tanto, desde aquí recomiendo esta sencilla película, hoy algo olvidada, pero extraordinariamente entretenida donde brilla con luz propia el talento de sus protagonistas: Susan Sarandon y James Spader.






viernes, 3 de junio de 2022

INFAMOUS (2006)

 



       "Infamous" es una interesante película del año 2006 que en España se tituló "Historia de un crimen", que he visto recientemente y me ha sorprendido bastante, tanto por su argumento, cuyo protagonista central es Truman Capote, uno de los grandes escritores americanos, como por las interpretaciones llevadas a cabo por los actores que intervienen en ella. Por todo ello, creo que se merece una entrada en "Desde Stromboli", que espero os guste y os anime a ver este film dirigido por  Douglas McGrath e interpretado por Sandra Bullock y Toby Jones, entre otros grandes interpretes.




      En noviembre de 1959, el escritor Truman Capote (Tobey Jones) inició un proceso de investigación sobre un crimen producido en una pequeña población de Kansas que iba a dar lugar a su mejor y más aclamada obra literaria: "A sangre fría". Se encontraba en Nueva York cuando leyó en el periódico el titular de la noticia: "Un granjero rico y tres miembros de su familia resultan asesinados", el cual despierta tanto su interés que decide trasladarse a Kansaas para tratar de obtener de primera mano la información del suceso. Así, en compañía de su amiga Harper Lee (Sandra Bullock), también escritora, se dirige al lugar de los hechos, donde conocerá al policía que lleva el caso, Alvin Dewey, papel interpretado por Jeff Daniels, y tras una cena en su casa, el escritor logra introducirse en la sociedad del pequeño pueblo, la cual, le proporcionará tantos datos sobre la familia asesinada que lo que iba a ser un artículo, se convertiría en una novela, su máxima obra literaria. No solo consigue hablar con los vecinos, sino que logra ir a la cárcel a entrevistar a los autores de tan horrible crimen, Richard Hickock y Perry Smith. Poco a poco y con una inteligencia y sutileza extraordinarias, Capote consigue que le cuenten su pasado y su presente, en especial Perry, con el que consigue mantener una relación especial que lo va conmoviendo y que  poco a poco lo envolverán en unas sensaciones que lo debaten entre el amor y la compasión.




      Tras la publicación de esta obra seis años después, Capote no volvió a escribir nada que no fueran reseñas o pequeños artículos. Había puesto todo en la elaboración de "A sangre fría", una magnífica novela que lo llevó a su nivel más alto en cuanto a talento y reconocimiento por parte de los críticos.




      La película narra todo el proceso de trabajo, no exento de sufrimiento, llevado a cabo por el genial escritor en la época más creativa de su vida y con un excelente y original modo narrativo y visual, nos va introduciendo poco a poco en la trama. Los diálogos aportan belleza al lirismo de la misma y el reparto de actores es de primer orden: desde Sigourney Weawer a Jeff Daniels, de Isabella Rossellini a Daniel Craig, también Peter Bogdanovich, Gwyneth Paltrow y una extraordinaria Sandra Bullock, interpretando a la autora de "Matar a un ruiseñor". Mención especial merece un magnífico Daniel Craig en el papel de Perry Smith, uno de los asesinos, con el que Capote mantendrá interminables conversaciones que le harán profundizar en el conocimiento tanto propio, como del ser humano en general. Por último, comentar la excepcional interpretación del actor inglés Tobey Jones como Truman Capote. Jones se acerca a la figura del escritor de una manera natural y se zambulle en su compleja y fascinante personalidad de una forma sutil y brutal al mismo tiempo. Su notable parecido físico con Capote ayuda a identificarlo casi por completo con él y su interpretación logra altas cotas en una mezcla de ingenio y de vulnerabilidad que dotan al personaje de autenticidad y verdad.




      Como he comentado anteriormente, nunca había visto esta película hasta hace poco tiempo, pudiendo disfrutar de su impecable puesta en escena, de la capacidad de Douglas MacGrath , su guionista y director de mantener viva la intriga de principio a fin, de despertar los sentimientos más contradictorios en el espectador y de como, finalmente, convierte el filme en un duro alegato contra la pena de muerte. Por último, decir que esta película del año 2006 remueve al espectador en su butaca, lo llama a la reflexión y lo empuja directamente a descubrir o a redescubrir el intenso universo literario de Truman Capote. Por todo ello y mucho más, merece la pena verla.








viernes, 27 de mayo de 2022

"SHAKESPEARE IN LOVE" O EL PODER DEL TEATRO

 




      Hay películas que nos muestran como pocas la grandeza de un arte sublime cuyo dominio se extiende a través de siglos de historia: el teatro, y una de esas películas es "Shakespeare in love" (1998), dirigida por el británico John Madden e interpretada por Joseph Fiennes y Gwyneth Paltrow, inmersos en una historia de amor gestada en Inglaterra en plena época isabelina entre un joven escritor llamado William Shakespeare (Fiennes) y Viola Lesseps (Paltrow), la hija de un rico comerciante cuya pasión por el teatro la lleva a querer actuar en él, pese a que en aquel tiempo esta prohibido a las mujeres. Con una impresionante e impecable reconstrucción de la época, la película nos sitúa a finales del siglo XVI, en el momento en que Shakespeare está en el inicio de su poderosa carrera como escritor y aún no es lo suficientemente conocido por el gran público. Éste, tras haber sufrido un desengaño amoroso, destruye la comedia que en esos momentos se encuentra escribiendo, "Romeo y Ethel, la hija del pirata", para uno de los dos teatros más importantes de Londres, el Teatro de la Rosa y decide transformarla en una tragedia, la cual se llamará "Romeo y Julieta" y, sin apenas comenzar a escribirla, comienzan los ensayos.




      Todos los personajes tienen ya a sus actores, sin embargo, falta Romeo. La joven Viola Lesseps, entusiasmada por actuar, decide disfrazarse de hombre para acceder al papel. Así, se presenta como Thomas Kent, un joven que logra encandilar al autor con una apasionada y novedosa forma de interpretar que hace que consiga el papel sin dificultad.




           Cuando Shakespeare descubre que Thomas Kent es en realidad una bella joven llamada Viola Lesseps, éste se enamora de ella perdidamente, comprobando que este amor es recíproco. Esto le va a servir de inspiración para continuar la obra, la tragedia amorosa en las que dos familias, los Montesco y los Capuletto, a las cuales pertenecen Romeo y Julieta, enfrentadas desde hace tiempo, se oponen al amor de los jóvenes. Pero el amor de Shakespeare y Viola, como el de los protagonistas de la tragedia que está escribiendo, es imposible. 




      Él sigue casado, aunque con un matrimonio fracasado y ella está comprometida con Lord Wessex, en un contrato matrimonial sin amor impuesto por su padre. 




      Poco a poco y, mientras nos vamos adentrando enla historia, el film muestra de forma veraz los entresijos de una época de oro para el teatro, así como los pormenores que conllevaba el estreno de las obras y la competencia de los locales para conseguir los autores de más talento y los actores más solventes. (En la película el Teatro de la Rosa competía con el Teatro de la Cortina). El pueblo llano asistía a los estrenos y a veces, con él se mezclaba gente de otros estratos sociales, incluida en este caso, la reina Isabel I, interpretada magníficamente por Judy Dench.



      Podemos decir que "Shakespeare in love" es un entramado de pasiones y de laberintos que confluyen en una sola dirección: el amor por el teatro y es un entramado interpretado con solvencia por grandes actores, como Rupert Everett, en el papel de Christopher Marlowe, el dramaturgo predecesor y amistoso rival de Shakespeare, Colin Firth, como el arruinado Lord Wessex, Ben Affleck el papel del actor Phillip Hesnlowe, propietario del Teatro de la Rosa y Martin Kline como el otro propietario, el del Teatro de la Cortina. Mención especial merece la anteriormente mencionada Judy Dench, como Isabel I de Inglaterra, un corto pero brillante papel con el que consiguió el "oscar", y es que en poco tiempo realiza una enérgica composición de una reina altiva y sardónica como pocas. Su breve intervención deja al público con ganas de más.




      Pero, ¿puede una obra teatral mostrar la verdadera naturaleza del amor?. Esta cuestión lanzada en forma de apuesta de 50 libras por Shakespeare a Lord Wessex delante de la reina, será dirimida al representar "Romeo y Julieta" en el Teatro La Cortina, tras ser cerrado el de la Rosa por inmoralidad y escándalo público al descubrirse que el papel de Julieta lo interpretaba una mujer. Pero, antes de que se pueda representar, sucederá un avatar más que podrá en peligro el estreno de la obra. Así cuando va a iniciarse por fin, ya en el Teatro de la Cortina y habiendo el propio William Shakespeare asumido el papel de Romeo, el actor adolescente que encarnaba a Julieta se encuentra en el crítico momento en que su voz comienza a cambiar y no puede dar la réplica al escritor. El pánico cunde pero la obra da comienzo, sin embargo, entre los espectadores se encuentra Lady Viola, que asiste a la representación antes de partir con su marido tras su boda, que se ha celebrado el mismo día del estreno. Ella no duda en representar a la dulce Julieta, ante la sorpresa de todos los allí presentes y frente a Shakespeares, su auténtico Romeo, interpreta con total inspiración su papel fundiéndose con el apasionamiento desbordante que imprime al suyo el autor de la obra y ahora, actor. La reina, allí presente, conmovida por la representación, y aunque no puede evitar que Wessex se quede con Viola como esposa, si le pide que pague a Shakespeare las 50 libras que apostó, pues el autor ha demostrado con "Romeo y Julieta" que una obra de teatro, si puede mostrar la verdadera naturaleza del amor, y por lo tanto, ha perdido.




      La película termina con la fatalidad de un amor imposible, el de Shakespeare con Viola y con el inicio de una nueva obra del escritor: "Noche de reyes" o "La duodécima noche", cuya heroína llevará  indefectiblemente el nombre de su gran amor: Viola.




      Sin lugar a dudas, el planteamiento cinematográfico de "Shakespeare in love" se alimenta del teatro en tanto y cuanto la película nos cuenta de manera fidedigna los pormenores del mismo en la Inglaterra de Isabel I y consigue interesar desde el principio, con una componente de romanticismo y humor que nos seduce, a la vez que las interpretaciones de los actores, los cuales, a mi parecer, disfrutaron con su trabajo de una manera especial. Eso se nota en la alegría que proyecta y nos transmite la película y en la veracidad de sus interpretaciones. Todo ello logra que nos sintamos a ratos como  espectadores desde la butaca de un cine o sentados en un palco imbuidos del ambiente teatral que nos  expone de una manera brillante. Y es que desde el  siglo XVI hasta hoy, los sentimientos no han cambiado excesivamente, por eso, desde aquí recomiendo que disfrutéis de la película, pues en ella se funden  dos artes sublimes del entretenimiento y de la cultura: el cine y el teatro, dejando en todo momento un buen sabor de boca.




      La película obtuvo 13 nominaciones a los Oscars, de los que obtuvo siete, entre ellos, a la mejor actriz principal (Gwyneth Paltrow), a la mejor actriz secundaria (Judy Dench) y al mejor guión. También obtuvo tres Globos de Oro y cuatro premios Bafta. Es, pues, una película muy premiada, aunque más allá de los premios está su excelente facturación y su enorme vitalidad, que nos seduce y entretiene a la par que nos emociona consiguiendo con creces el propósito que una obra cinematográfica debe proponer. Si podéis, no dejar de verla o revisitarla. Saludos.









viernes, 17 de diciembre de 2021

LA SONRISA DE VERÓNICA

 




      Atravesó la luz de parte a parte y sus ojos azules se anegaron de lágrimas, pues se hallaba entre bambalinas, dando color a su piel, tersa y blanquísima. Se preparaba para actuar, como siempre, y respiraba profundamente frente al espejo mientras daba los últimos retoques a su rojizo cabello. Una música suave sonaba entre las paredes de su camerino donde se sentía auténticamente libre y sus labios esbozaron una sonrisa abierta, sincera y feliz, la famosa sonrisa de Verónica. Venía, sin embargo, de pasar noches oscuras de vientos y tempestades, de lluvias que calaban su cuerpo hasta humedecer sus huesos, de miedos provocados por la presencia vigilante de lobos de tres cabezas y fauces afiladas. Pero ahora, todo era distinto. Ahora vivía en en el ensueño de una ilusión que siempre tuvo: la de volver a ser una niña. Mientras se maquillaba lo había estado pensando, pero en estos momentos, era una mujer y era una actriz, y de las grandes. Se sentó en el pequeño sofá a la espera de esa voz que la llamara a escena, y su pensamiento seguía volando tan inquieto como un colibrí. Pensó en su padre, dirigiendo sus primeros pasos en el cine, con tanta dedicación y amor, y también en su madre, la escritora que inculcó en ella su pasión por el saber. Luego vino a su mente la figura de su hermano, pilar que sostenía paredes fundamentales de su vida y por último su hija, que vivía dentro de su corazón. Volvió a sonreír atrapada por el vaivén de su memoria y con serenidad seguía a la espera. Se encendieron los focos y comenzó la música que daba inicio a la función teatral. Entonces escuchó la voz que la llamaba: "¡Verónica, a escena!". Se levantó y se acercó entre las tramoyas y antes de salir, vio a su público expectante y sus ojos azules, húmedos de dulzura, se dejaron guiar por una emoción incontenible, mientras de su boca, salía la primera frase de la obra: "Ya estoy aquí, siempre estuve con vosotros y ya no me marcharé". Y mientras lo decía, sonrió una vez más, sin darse cuenta de que su sonrisa iluminaba el mundo.


      Este relato está dedicado con todo mi respeto, admiración y cariño a una actriz maravillosa, Verónica Forqué, que, inesperadamente, esta semana ha iniciado su viaje a las estrellas. Hasta siempre, Vero, y muchas gracias por todo lo bueno que has aportado a este mundo con tu talento y como ser humano, que ha sido mucho. Vuela alto.






sábado, 25 de septiembre de 2021

EN LA PIEL DE TRAVIS BICKLE




 


" Me llamo Travis Bickle, padezco insomnio crónico y en mi ausencia de sueño no puedo hacer otra cosa que trabajar. Trabajo como taxista en Nueva York, una ciudad gigante y perdida en los andenes de trenes que no van a ninguna parte. Aquí, todo el mundo tiene prisa y la noche despierta definitivamente en los suburbios, a donde me dirijo muchas veces, tantas, que ni recuerdo. Esta noche voy conduciendo y la lluvia no cesa de caer, parece como si quisiera limpiar toda la podredumbre que, oculta bajo el asfalto, florece en la superficie al mismo tiempo que en el cielo se ocultan las estrellas. Prostitutas, macarras, delincuentes del más diverso pelaje, pervertidos y asesinos, pueblan con impunidad las calles nocturnas de la ciudad, mientras yo, en mi taxi, traslado de un lugar a otro a toda esta fauna desquiciada y despreciable. Sigue lloviendo con fuerza, pero no es suficiente. La suciedad está incrustada de tal modo que es imposible limpiar el lodazal. Solo hay alguien en este paisaje cenagoso que brilla como el sol: se llama Iris y ha subido al taxi huyendo del acoso del indeseable que se beneficia de la venta de su cuerpo. Finalmente, tras unos minutos de lucha inútil, se la ha llevado. Pero la chica de mis sueños se llama Betsy y trabaja como voluntaria en la campaña de un político. Es hermosa y grácil y camina con un aire despreocupado y elegante. Me he fijado en cómo mueve su pelo y en cómo sonríe y he pensado que no merece trabajar en aquella oficina improvisada, rodeada de tipos que la agobian hasta el punto de no poder ser ella misma. Algún día la invitaré al cine. Sigo insomne y sigo con mi taxi amarillo recorriendo la ciudad. "Todo se arreglará", me dice un compañero  al que comento lo asqueado que me siento. No lo sé, la verdad. Solo sé que tengo que hacer algo, pero ¿qué?. Acabo de dejar a un tipo cuya mujer lo engaña con un negro. Todo es tan rastrero y tan miserable... El hombre me ha dicho que no tiene opción: que debe matarla. Me cuenta que tiene en su poder una pistola, una magnum 44, creo y que le disparará en la cara. Es la única manera de resarcirse de semejante ofensa y de limpiar con honradez la infamia. Por eso, yo me voy a comprar una pistola, bueno, una no, muchas, y ensayaré con ellas. Haré ejercicio, me pondré en forma. He decidido adecentar las calles de la ciudad y liberarla de la escoria que la devora para que de una vez por todas las estrellas vuelvan a poblar su cielo.

      He vuelto a ver a Iris, andaba callejeando del brazo de otra muchacha. No tendrá más de trece años, pero camina sobre unos altos tacones rojos, que se mueven brillantes sobre la acera cubierta de lodo maloliente. He querido rescatarla y casi la convenzo de que venga conmigo. Quiere ser mi amiga. Quiero alejarla de la suciedad que envuelve su vida y encauzarla por el camino correcto. El único camino.

      Ya sé manejar todas las pistolas. Creo que estoy preparado. Me miro al espejo: "Eh, tú, ¿hablas conmigo? ¿me lo dices a mí?". Sí, no hay duda, estoy dispuesto".


Travis Bickle es el personaje principal de una película dirigida en el año 1976 por Martin Scorsese, "Taxi Driver", una obra maestra del cine interpretada maravillosamente por Robert de Niro en el papel del solitario e inestable protagonista. Es una oda oscura a la ciudad de Nueva York a través de la mirada de un taxista sensible a la obsesión y a la locura. También es una película fascinante de principio a fin con una jovencísima Jodie Foster, en el papel de Iris, y Cybill Shepherd como Betsy. Robert de Niro conmueve e inquieta de principio a fin con su portentosa interpretación de Travis, el taxista que nunca duerme, y Scorsese nos brinda la que es, sin duda, uno de sus mejores films. La acabo de volver a ver, y no ha perdido ni un ápice de su capacidad para atrapar al espectador, y es que "Taxi Driver", se configura como uno de los grandes clásicos del siglo XX, una película genuina, llena de un lirismo incontenible, dibujado poco a poco por las gotas de lluvia que caen sobre la oscuridad de la noche, que se expande sobre la ciudad de Nueva York, y acunada por la extraordinaria banda sonora compuesta por Bernard Hermann. Muy recomendable para los que no la hayáis visto y también, para los que deseen revisitarla de nuevo.







domingo, 25 de julio de 2021

"DUKE" MORRISON

 




      Mientras recorría en busca de sí mismo todos los desiertos habidos y por haber de Arizona, John Wayne se levantaba y se reencontraba cada día con el actor, y, lentamente, tomaba un café oscuro y amargo, sin azúcar, antes de rodearse de la gente con la que compartía la película. Otro día más debía sacar de su interior la integridad y la dureza que le pedía el personaje, a la vez que ese golpe de efecto que solo él sabía imprimirle, que lo humanizaba y que lo inclinaba en la balanza del bien y del mal y que, como casi siempre, esa inclinación era hacia el bien. Aquella mañana, fue su amigo John Ford el que debía guiarle en su nueva aventura, y tras la claqueta, el actor, cowboy eterno, erguido sobre su caballo, se puso en marcha. El cielo era tan azul que la luz de su claridad casi cegaba, aunque algunas nubecillas lo atravesaban a veces sin convencimiento, y bajo él, y a las órdenes de su viejo amigo, Marion Robert Morrison se sentía un rey, con su su pañuelo al cuello, su chaleco de cuero y sus tejanos, aunque a él en realidad, lo que le gustaba era que le llamaran "Duke", como era conocido durante su infancia y juventud. El plató estaba instalado en una llanura donde el sol caía con verticalidad y alevosía, pero "el duque", acostumbrado a la dureza e inclemencias del tiempo, hacía caso omiso al calor, y animaba a sus compañeros, que, al borde del desvanecimiento, soportaban a duras penas los efectos de aquel endemoniado clima: actores y actrices, una vez terminaban su intervención en cada secuencia que se rodaba, se refugiaban bajo unos tristes toldos y se untaban el rostro con cremas que mitigaban el sufrimiento de la piel, que ardía roja, quemada de manera impía por el sol. Aunque parezca mentira, a John Wayne, lo que realmente le refrescaba era el alcohol y eso mismo ocurría con el director de la película, así que, ambos, entre toma y toma, paladeaban unos chupitos de whisky irlandés que Ford llevaba siempre consigo. Al acabar la jornada, el director la había terminado entre broncas y peleas con actores y miembros del equipo técnico, dado los efectos que provocaban los tragos en su ya áspero carácter. El "Duque", abotargado por el alcohol, se limitaba a callar o a largar algún discurso político caracterizado por su potente carga reaccionaria. Sin embargo, a la mañana siguiente, volvía a la interpretación del héroe de turno de la mano de un John Ford amargo y resacoso con el que muy pocas veces discutía. La relación entre actor y director estaba marcada por tantos puntos en común (bebida, dicen que tendencias políticas...) como  por algunas divergencias casi insalvables, pues Ford no consideraba a Wayne un buen actor, aunque creía que para los personajes que normalmente interpretaba, su personalidad y apariencia física eran las apropiadas. Desde "La diligencia" (1939) habían trabajado juntos en muchas ocasiones legando un buen puñado de películas como "Fort Apache" (1948), "Río Grande" (1950) o "El hombre tranquilo" (1952). Ahora se encontraban en pleno rodaje de "Centauros del desierto" (1956). Por su parte "Duke" Morrison era un hombre práctico y lo único que pensaba de sí mismo como actor es que la única manera de interpretar los personajes que le encargaban era tal y como él lo hacía, dotándolos de sinceridad y de un rígido sentido del honor. Quizá no estuviera equivocado.

      El valle de arena se extendía ante los ojos de técnicos y actores como un enemigo con el que había que lidiar y aquella mañana se disponían a rodar la secuencia donde Ethan Daniels (John Wayne), el hombre sin patria, el perdedor, el extraviado racista, rescataba de los comanches a su sobrina Debbie, secuestrada cinco años atrás, después de asesinar a toda la familia. Natalie Wood la interpretó, dando vida a la hermosa adolescente ya integrada a la vida y costumbres de los comanches, pero que nunca olvidó a su familia. Hubo entendimiento entre los dos actores, y la secuencia resultó especialmente emotiva. Rechazada en un principio por Ethan, pues la joven no quiere volver a casa, finalmente le puede el corazón y en esa secuencia maravillosa, cercana al final de la película, John Ford consiguió emocionar una vez más (el film es un continuo crepitar de emociones) cuando Ethan acorrala a su sobrina, tan asustada e indefensa (fantástica Natalie Wood), la coge en volandas elevándola hasta donde alcanzan sus poderosos brazos, la mira con amor dejándola suavemente en el suelo: "Bienvenida a casa", parece decirle con este gesto, que resume la grandeza de la película, la grandeza de John Ford y la del propio Wayne, que está maravilloso.

"¡Corten!", gritó la voz aguardentosa de Ford, y todos los actores y técnicos allí reunidos, no pudieron hacer otra cosa que aplaudir.

      La tarde transcurría tranquila y un aire de tristeza atravesaba el set de rodaje. Quedaban dos días más y se daría por concluido. Ford y "Duke" se sentían cansados y orgullosos mientras el primero sacaba de su maletín su enésima botella de whisky, y así, sentados en sus sillas de rodaje personalizadas con sus respectivos nombres, y mirando el rojizo atardecer, iban apurando hasta la última gota, mientras el sol, apaciguado, les decía adiós y el viento recién despertado, les saludaba con timidez. John Wayne se levantó y se quitó el sombrero y cogiendo de nuevo el vaso de whisky, se volvió a sentar como lo haría un hombre tranquilo junto a Ford, su fiel compañero de batallas.







miércoles, 14 de julio de 2021

FINAL DE VIAJE

 



      

      "La última vez que la vi, se despidió de mí desde su descapotable blanco con una sonrisa abierta y dulce, y con la alegría de quien desea iniciar una nueva vida. Se había comprado por fin una casa en Los Ángeles y quería establecerse, echar raíces en el mundo. Su vida había sido hasta entonces un ajetreo constante: su infancia, repartida entre orfanatos y casas de acogida había transcurrido sin padre ni madre, sin esa base fundamental de seguridad que se les proporciona a los seres humanos para saber cómo afrontar la vida. Pero ella le hizo frente a dentelladas. Sus matrimonios habían sido lacónicas experiencias que no supieron darle la estabilidad que perseguía. Jim Dougherty, su primer marido, fue un clavo ardiendo, una vía de escape ante la oscilación de hogares desconocidos, donde unas veces la querían y otras no. Tenía entonces 16 años y era apenas una niña. Con Joe di Maggio, la gran estrella de béisbol, vivió un matrimonio a veces feliz, pero otras veces, (las más) empañado por las tempestuosas borrascas de los celos de él, que estallaban sin control y en cualquier circunstancia. Por último, con Arthur Miller, el gran intelectual, vivió un infierno donde a menudo se sentía subvalorada y utilizada por él, a la vez que, hipócritamente, sobrevivía como escritor apoyándose en la inmensidad de su fama. Más de una vez le sacó las castañas del fuego a este hombre, que pese a su talento, nunca dejó de sentirse amenazado por el de ella. Ahora, todo parecía haber cambiado pues se sentía más independiente que nunca, habiendo decidido conformar su hogar definitivo en soledad, pero en total libertad. Para ello, me contó que se marchaba a México a comprar los muebles y enseres necesarios para decorar su casa. Si había alguna ilusión en ella, era plantarse de una vez y sentirse segura y eso, según su pensamiento, solo lo conseguiría adquiriendo una casa en propiedad a la que regresar cada noche a refugiarse del barullo que producía en el mundo su inagotable tintineo de estrella.

No volví a verla más. Me enteré por la prensa del revuelo que había ocasionado su visita a México, donde recibió una acogida extraordinaria y de su interés por el arte y por la cinematografía mexicana, llegando a visitar el plató donde rodaba el director español Luis Buñuel la película "El ángel exterminador". Su presencia fue una conmoción para todos los que allí se encontraban y Buñuel estuvo encantado de recibirla y contarle secretos de rodaje del film, mostrándose ella en todo momento muy interesada. 

      Era el mes de julio cuando recibí su última llamada, en la que me contaba que iba a realizar una sesión fotográfica en la playa de Malibú con George Barris, un fotógrafo de talento que había conocido en el año 1955, durante el rodaje de "La tentación vive arriba". En nuestra conversación, dejó entrever que se sentía ilusionada con este proyecto que la hacía retornar a su época de modelo, a la vez que me comentó que aún no había terminado de amueblar su hogar, pues los muebles encargados en México, estaban aún por llegar. Me dio un beso por teléfono y se despidió.

      La mañana del día 5 de agosto, la radio daba la noticia de que Marilyn Monroe había sido hallada muerta en su domicilio. Me dio un vuelco el corazón y mi primera reacción fue de incredulidad. Rápidamente llamé a Pat Newcomb, su representante, pero no me cogía el teléfono. Me vestí y salí a toda prisa a la calle dirigiéndome a su casa, en el 12305 Fith Helena Drive, en Brentwood, y entre sirenas de policías y de ambulancias, comprobé que era cierto. Marilyn, la estrella más querida y deseada había fallecido, había llegado al final de su viaje, un final terriblemente inesperado para todos, incluso para ella misma. A la entrada de su casa, en la misma puerta, hizo poner una inscripción sobre cuatro baldosas: "Cursum perficio",cuya traducción viene a decir "El final del camino", pensando en ese deseo de dejar de ser una nómada y de sentir que pertenecía a algún lugar. Sin embargo, ella no hizo otra cosa que continuar en un viaje en ascensión hacia las estrellas, en un periplo en el que estableció en la eternidad su auténtico hogar.

      Hoy, yo, su amigo desconocido, a mis casi noventa años, la recuerdo con la misma intensidad y cariño y a veces, me parece verla cruzar de madrugada en el silencio de mi habitación con un vestido de blancas transparencias, entonces, se para un momento frente a mí, me mira sonriente y después se marcha despacio entre las brumas que, implacables, invaden mis recuerdos."

    

      La fotografía que ilustra este texto es del mencionado George Barris, en una de las últimas sesiones fotográficas de la actriz.