viernes, 28 de julio de 2017

MARLENE DIETRICH: LA FASCINACIÓN.



Alguien dijo una vez que su nombre empezaba con una caricia y terminaba con el estallido de un látigo. Marlene Dietrich. Muy acertado, porque así podríamos definir la compleja personalidad de esta actriz alemana, que de la mano de Josef Von Sternberg, su mentor y descubridor, abandonaría su país natal para emprender la aventura de conquistar el universo cinematográfico norteamericano. Y bien que lo logró, puesto que armas no le faltaban: belleza, magnetismo, talento e inteligencia. Todas estas cualidades serían realzadas por su maestro, Von Sternberg, en siete películas, en su mayoría obras maestras, que harían de Marlene una superestrella luminosa y fascinante. Su personalidad desbordaba la pantalla y mostraba a un público sediento de sueños, que ella encarnaba un mundo de historias y de países exóticos, de aventuras y de pasiones, envueltos en una estética de barroquismo mágico que confería a sus películas una atmósfera singular. Pero al mismo tiempo, también advertía de lo intangible de los sueños. Ella era un sueño, y era inalcanzable. De ahí nació la fascinación que la figura de Marlene Dietrich suscitaba en el público de la época, y que aún hoy día, sigue asombrando a todo aquel que se acerca a la magnificencia de su genio, y a su , en muchas ocasione sublime obra. La Dietrich fue una diva en si misma, que reinó en la década de los años treinta del siglo pasado junto a Greta Garbo, pero que, a diferencia de ésta, que se retiró a los 36 años, amplió su reinado durante varias décadas, combinando su faceta de actriz con la de cantante, y siendo su personalidad, al igual que la de Garbo, un misterio indescifrable. Bienvenidos al universo Dietrich.





 
 
 
María Magdalene Dietrich nació en Schoneberg (Berlín), el 27 de diciembre de 1901, y falleció en París, el 5 de mayo de 1992. Provenía de una familia media acomodada, de joyeros y relojeros, y desde muy niña se sintió inclinada por el mundo del espectáculo. Estudió música y recibió una educación rígida y férrea, muy a la alemana, que utilizó a lo largo de su trayectoria, tanto en su profesión como en su vida personal. En determinados aspectos fue  una mujer inflexible.
Sus primeros pasos en el mundo de la farándula los dio como corista en algunos espectáculos que llegaron hasta Berlín, pero no fue hasta 1923 cuando se produjo su debut oficial en el cine, con una brevísima aparición en una película titulada "El pequeño Napoleón". Anteriormente, se dice que intervino también  en algunos cortos.
Los años veinte significaron para Marlene su preparación como artista. Trabajó en los escenarios y en el cine, en revistas musicales y en algunas obras de teatro. Para ella, todo era válido, todo era aprendizaje y todo sumaba para alcanzar su más que ambiciosa meta: convertirse en una gran estrella.
El fulgurante ascenso de Dietrich comenzó en el año 1930, en una película tan mítica como imprescindible para todos aquellos que amamos el cine: "El ángel azul", dirigida por Josef Von Sternberg, con quien rodaría seis películas más, todas ellas obras maestras por muchas razones, entre ellas y la más importante, por el personalísimo sello que tanto director como actriz supieron imprimir en cada una de ellas. Von Sternberg, además de un brillante director de cine, era un maestro de la luz, y encontró en Marlene la actriz idónea para plasmar su gran capacidad para crear ambientes a través de las luces, todo ello en fabuloso blanco y negro. El rostro de Marlene, iluminado de mil formas distintas por el genio de Sternberg, se vio reflejado en la parte más importante de su obra, explotando el especial glamour y el misterio de la potente personalidad de la estrella. Por tanto, la fotografía que envuelve las películas que Dietrich rodó a sus ordenes, es excepcional, elevándolas por sí misma a la categoría de obra maestra. Genio el director, y genio, la actriz, de aquella mezcla sólo podía resultar toda una serie de magníficas películas, que han quedado inscritas con letras de oro en la Historia Universal del Cine.
 
 
 

 
 
 
 
Pero volvamos a la primera película, "El ángel azul", lanzamiento de nuestra diva. En ella Marlene Dietrich interpreta a la cabaretera Lola-Lola, una mujer fatal que acaba arruinando la vida de un profesor interpretado por el actor Emil Jannings. Lo llevará irremediablemente a la pedición, y no es de extrañar, por el potencial erótico que desprende esta primera Marlene. Una Marlene sin refinar, agreste y tórrida, que baila en un cabaret de mala muerte encandilando a los alumnos del profesor. Éste, en un intento patético, trata de salvarlos del mundo pecaminoso que ofrece Lola, pero inevitablemente, el que acaba sucumbiendo es él, turbado ante los muchos encantos de la cabaretera. Hundido y humillado, acaba en un matrimonio tormentoso y desafortunado con ella, y que lo lleva a la ruina moral y económica.
"El ángel azul" significó la primera película sonora para Marlene y en ella dejó plasmada una imagen que sería universal: sentada sobre un barril, con sombrero de copa en la cabeza, mostrando unas piernas esculturales, la Dietrich dió su primera imagen icónica al cine , y también la más imperecedera.
En el año 1933, "El ángel azul" fue censurada por el nazismo. Pero en esa época, tanto Marlene como Von Sternberg se encontraban ya en Estados Unidos, llevados por el estreno y el éxito de la película, y ya en 1930, (año en que se estrenó "El ángel azul") rodaron su segunda película juntos: "Marruecos", con un protagonista de lujo: Gary Cooper.
"Marruecos" es, sin duda, una de sus películas más famosas y legendarias. En ella, Marlene interpreta a una cantante, Amy Jolly, que se enamora de un soldado de la legión extranjera (Gary Cooper), cuando ambos coinciden en el país que da título a la película: Marruecos.
Se trata de un film magnífico, impregnado de una melancolía y de un fatalismo que aborda al espectador desde el primer momento y su ambiente, cosmopolita y bohemio nos atrapa, mientras nos dejamos llevar por el juego de luces creado por Sternberg y por la sensualidad irrefrenable de Marlene Dietrich, especialmente seductora.
En uno de los números musicales más famosos de la película y de la Historia del Cine, Marlene aparece radiante, vestida de smoking y con chistera. Elegante, guapísima, turbadora y libre, la Dietrich, cuando una señorita entre el público, desde una mesa le regala una flor, tras aspirar su perfume, se la devuelve a la vez que le roba un beso. Un beso de gran significado, puesto que encarna en aquellos años, un atisbo de libertad sexual, configurando una de las escenas más modernas y atrevidas del cine clásico. Así era en realidad Marlene Dietrich: atrevida, audaz y moderna encarnando un tipo de mujer adelantada a su tiempo, que no puso cancelas a su libertad, amando por igual a hombre y a mujeres a lo largo de su vida.
Con "Marruecos", Marlene conseguiría su única nominación al Oscar, y un rotundo éxito que la llevaría a realizar su siguiente película: "Fatalidad"(1931), dirigida también por Sternberg, y donde interpretó a una controvertida y bellísima espía.
Tras esta película, vendría otra de las más míticas de esta gran actriz, y de las más representativas: "El expreso de Shangai" (1932), donde interpreta a una aventurera llamada Shangai Lilly, que coincide con un antiguo amor en un tren que será asaltado por rebeldes chinos. La situación se complica y ella tratará de ayudar al hombre al que todavía sigue amando.
La rutilante aparición en la estación del tren de Marlene Dietrich, entre el bullicio de las gentes que, apresuradas, se mueven de un lado para otro, es digna de mención. Ataviada con un sofisticado vestido de satén negro y lentejuelas diseñado por Travis Banton y por ella misma, que sugirió que se le añadieran plumas de gallo alrededor de los hombros y en las mangas. El resultado fue espectacular. Finalmente, en la cabeza, un elegante sombrero con redecilla remataba la imagen de una Marlene suntuosa y barroca, que contribuyó a forjar su leyenda. La fotografía, realizada en su mayor parte por Von Sternberg, nos sumerge en un mundo de sofisticado blanco y negro ,con un soberbio manejo de las luces, como se puede apreciar en la imagen donde Marlene, a solas en el vagón del tren, y en la oscuridad, enciende un cigarrillo, iluminándose  de forma magistral su bello rostro, enmarcado por el humo y la oscuridad.
En "La venus rubia" (1932), también con Sternberg, Marlene interpreta a una estrella de cabaret que se enamora de un científico, abandonando su trabajo para casarse con él, pero al enfermar éste, no le queda más remedio que volver al trabajo para sufragar los gastos de su enfermedad. Otra gran película, donde hay que destacar la participación en ella de un joven Cary Grant. En el film, Marlene Dietrich, interpreta uno de sus números musicales más fascinantes. En "Hot Vudú", la estrella aparece dentro de un disfraz de gorila, y a los sones de una sensual música de reminiscencias africanas, se va despojando poco a poco del disfraz: Primero vemos sus manos, de perfectas formas, adornadas por algún brillante anillo, después y poco a poco, moviéndose al son de la música y haciendo  impacientarse al espectador, va quitándose la cabeza del disfraz de gorila. Por fin la vemos. Enmarcado su rostro en una peluca de rizos como el oro, iluminada sofisticadamente por Sternberg, Marlene nos impacta y nos sorprende una vez más con la magia de su fascinante personalidad.
El barroquismo de Marlene llega a su culminación en sus dos últimas películas con Josef Von Sternberg: "Capricho imperial" (1934) y "El diablo es una mujer" (1935). Dos grandes filmes que se desarrollan en dos ambientes totalmente distintos: la Rusia imperial, y la España más típica y tópica. En la primera, Marlene interpreta a Catalina de Rusia, apodada la Grande, desde su adolescencia hasta su consolidación y su caída como reina.
La última película de nuestra estrella con Von Sternberg, antes de romper su relación profesional con él, fue la antes mencionada "El diablo es una mujer". En ella, la actriz interpreta a Concha Pérez,, uno de sus personajes más polémicos, una especie de Carmen sofisticada hasta el delirio, envuelta en un ambiente tópico y casi surrealista. Su vestuario en esta película excede los límites de la imaginación: volantes de lentejuelas, grandes peinetas cuyas formas se retuercen en unos diseños impagables, exuberantes y voluptuosos como la misma Concha Pérez, mostrando un mundo que sublimaba todos los tópicos españoles habidos y por haber. Marlene aparece fastuosa, como de costumbre, sorprendiendo con uno de sus personajes más irreverentes y anárquicos.
Como anécdota, decir que la película no fue estrenada en España, inmersa como estaba en el bienio conservador establecido durante la Segunda República. Fue considerada una "españolada" que mostraba una realidad que nada tenía que ver con nuestro país, y que, para más inri, desprestigiaba a las fuerzas de orden público, burladas por Concha Pérez una y otra vez. Además los conservadores se quejaron a la productora, la Paramount, ante lo que consideraban un despropósito.
La realidad es que la película es una joya, un último tributo a la personalidad brillante y barroca de la Dietrich, que su mentor y director favorito quiso rendirle antes de su ruptura.
Tras esta película y su separación de Marlene, Von Sternberg no consiguió el sitio que merecía en Hollywood , al ser un director muy personal y creativo. Se vio marginado y relegado por los estudios de cine. Sin embargo , volvió a dar muestras de su genialidad en dos obras maestras más: "El embrujo de Shangai" y "Una aventura en Macao", ambas en la década de los cuarenta.
Por su parte, Marlene siguió cosechando triunfos y trabajando con los mejores directores. Destaca la película "Angel" (1937), de Ernst Lubitsch, y tras un breve periodo de crisis en su carrera, el western "Arizona", (1939) de George Marshall, la devolvió de nuevo a la cima del éxito. En "Arizona", la Dietrich da rienda suelta a sus cualidades para la comedia en el papel de Frenchy, y protagoniza algunas hilarantes escenas en compañía de un joven James Stewart.
 
 
 




En los albores de la Segunda Guerra Mundial, Marlene Dietrich se distinguió por sus firmes convicciones políticas frente al nazismo, ayudando en todo lo que pudo a los disidentes que, obligados ante la época de terror que se avecinaba en Alemania, huían de su país. Marlene despreciaba sistemáticamente el antisemitismo que promulgaban los nazis y en su contra, grabó varios discos con canciones como la famosa "Lili Marlene". Marlene Dietrich recibió varios reconocimientos por su lucha contra el nazismo y en favor de los judíos. Una postura encomiable en esta alemana de fuerte carácter y de singular personalidad.
La espléndida madurez de Marlene se vio reflejada en títulos de extraordinaria calidad, llegando a trabajar con directores de la talla de Billy Wilder, Alfred Hitchcock o Fritz Lang.
Del primero y ya en 1948, rodó "Berlín Occidente". En ella, Jean Arthur da vida a una congresista estadounidense que viaja a Berlín para evaluar la moral de las tropas americanas, sospechando que un soldado está protegiendo a Erika Von Schlutow, interpretada por Marlene Dietrich, una cantante de cabaret sospechosa de haber mantenido contactos con los nazis. En esta película, Marlene muestra una madurez espléndida, tanto física como profesionalmente, y tiene ocasión de interpretar un personaje antagónico a su forma de ser y de sentir. Sus canciones en el film son auténticos clásicos, muy bien interpretados por ella, demostrando que su capacidad para fascinar continúa intacta.
Con Alfred Hitchcock trabajó en "Pánico en la escena", en el año 1950, interpretando a Charlotte Inwood, acusada de haber asesinado a su amante. Aquí Marlene vuelve a demostrar su talento interpretativo en un personaje intrigante y manipulador, pero a la vez, rebosante de sensualidad. Su arrebatadora madurez se hace presente en cada escena de este thriller psicológico dirigido con sabiduría por el maestro del suspense, teniendo como compañera de reparto a otra gran actriz: Jane Wyman.
En 1952, rueda a las órdenes de Fritz Lang, uno de los mejores westerns de la Historia del Cine, "Encubridora". En ella, Marlene compone otro de sus grandes personajes, el de Altar Kane, cantante y propietaria de un rancho donde se refugian forajidos a cambio de una sustanciosa comisión. Brilla de nuevo esta incombustible artista, esta vez a todo color, demostrando que, como los buenos vinos, mejora con el tiempo. Aparece bella y desafiante, segura de sí misma y haciendo gala de su eterno misterio. Su personaje en esta película es de los más notables de su época de madurez y de toda su carrera.
La última gran película y último gran papel para Marlene fue "Testigo de cargo", de 1957 y nuevamente a las órdenes del maestro Billy Wilder. Una obra maestra sin concesiones, donde su magnífica interpretación se merecía un Oscar, pero ni siquiera fue nominada. En ella interpreta a Christine Vole, la esposa alemana de Leonard Vole, (Tyrone Power), un hombre acusado de asesinar a una anciana millonaria que se había enamorado de él y que le había hecho heredero de todos su bienes. Christine será pieza clave en un juicio en el que hará todo lo posible por salvar a su marido, pese a conocer su culpabilidad. El no nominar a Marlene al Oscar fue otra injusticia más de las muchas que cometió la Academia del Cine. Sin embargo, Marlene Dietrich, como tantos otros actores y actrices que nunca fueron nominados no necesitó nunca un Oscar para deslumbrar con su talento a un público que la siguió entregado, cautivado y rendido por el magnetismo y su fascinante personalidad.







En la década de los sesenta, Marlene Dietrich, se dedica más a su otra faceta artística: la de cantante, realizando toda una serie de conciertos por Europa y Estados Unidos, actividad que compaginaría con el cine, participando de manera esporádica en algunas películas. La Dietrich reinó por méritos propios sobre los escenarios, interpretando con su grave y profunda voz grandes canciones de todas las épocas y demostrando su capacidad para mantener intacto el halo de misterio y glamour que siempre la rodeó. Su interpretación de la canción "Lili Marlene" resulta fascinante, y su poderosa presencia quedará por siempre en la memoria de todos aquellos que amamos la música y el cine.
Marlene murió en París en 1992, a la edad de 91 años. Sólo tuvo una hija, María, que escribió su biografía y que estuvo a su lado hasta el final. En este tiempo, prefirió vivir en el anonimato, llevando una vida muy discreta, totalmente alejada de los focos y de la popularidad.
Marlene Dietrich vivió la vida que quiso, fue una mujer libre y de fuerte personalidad, voluntariosa y desconcertante para muchos. Su genialidad radicaba en su compromiso y modernidad. Su especial glamour la convirtió en un icono del siglo XX y la ayudó a fomentar una leyenda que aún hoy sigue viva. Millones de admiradores y cineastas de todo el mundo le rinden homenaje a través de la proyección de sus películas o sirviéndoles de inspiración en otras facetas artísticas. Ahora mismo, mientras estoy terminando de escribir este artículo, resuena en mi memoria la voz grave y sensual de una mujer, que desde algún cabaret de un lejano Berlín, entre humo y lentejuelas, desgrana aquella canción, representación de una época que no volverá: "Lili Marlene". Este es mi homenaje a Marlene Dietrich, una mujer hecha de realidades y sueños.